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El método de trabajo que empleamos en Centro Ayalga – Centro Ayalga

El método de trabajo que empleamos en Centro Ayalga

Desde el Centro Ayalga trabajamos con el fin de conseguir el bienestar de todas las personas que acuden a nosotros, desde la infancia hasta las etapas de la adultez. Para conseguirlo, nos basamos en los modelos teóricos y prácticos de la psicología de mayor prestigio y de una calidad probada científicamente.

Dos de los modelos clave que ponemos en marcha, y que tenemos como base en todas las intervenciones, son el modelo de bienestar psicológico de Carol Ryff, y el concepto de personalidad eficaz, que nos ayudará en la búsqueda y alcance de nuestros objetivos en la vida. Conozcamos cada uno de ellos.

El bienestar psicológico: ¿cómo alcanzarlo?

Bienestar es una palabra que hemos escuchado, leído o mencionado en numerosas ocasiones. Claro está que tiene que ver con estar y sentirse bien, y todos aspiramos a encontrarnos en un estado de bienestar, aunque, ¿qué significa realmente este concepto?

La investigadora Carol Ryff desarrolló toda una teoría y puesta en práctica de un modelo propio de bienestar psicológico. Para ello, retomó las teorías de autores clásicos y de máxima relevancia en el campo de la psicología, y desarrolló un modelo de bienestar psicológico exponiendo las 6 dimensiones que lo conforman, es decir, las 6 áreas de nuestra vida que deben funcionar bien para tener lo que llamamos bienestar psicológico. Lejos de quedarse en el plano teórico, como ocurrió con las teorías de esos autores y autoras, Maslow, Rogers, Jung, Frankl, Jahoda, Bühler, Allport y Erikson, aportó también evidencia científica de que esas dimensiones contribuyen al desarrollo de nuestro bienestar. Es por ello que existe una escala psicológica, desarrollada por Carol Ryff, en la que se miden esas 6 dimensiones y determina qué nivel de bienestar tenemos. Una prueba que ha sido traducida al castellano y que se utiliza en psicología por su referencia y calidad.

Antes de conocer esas dimensiones o áreas que debemos de poner en práctica para alcanzar el bienestar psicológico, debemos saber algo sobre lo que ello implica. El fin de alcanzar el bienestar psicológico es el desarrollo y crecimiento personal, llevar nuestras capacidades a niveles más altos. No se trata de pretender tener sensaciones positivas, no busca un estado constante de felicidad, ni prevenir la aparición de emociones que erróneamente tachamos como negativas (miedo, tristeza…). Al contrario, el crecimiento personal implica una aceptación de todos estos aspectos, y su fin es, como decíamos, seguir avanzando en aquello que podemos. Por ello, se dice que el modelo de Carol Ryff no responde a un bienestar hedónico o basado en el placer o los sentimientos de satisfacción a corto plazo, sino eudaimónico, es decir, basado en el crecimiento personal.

Con todo esto, conozcamos las seis dimensiones en las que se basa, según el modelo de Carol Ryff, el bienestar psicológico, y cómo se relacionan estas con ciertos aspectos de las teorías de algunos de Abraham Maslow, Carl Rogers, Carl Jung, Viktor Frankl, Marie Jahoda, Charlotte Bühler, Gordon Allport y Erik Erikson.

1. AUTOACEPTACIÓN

La autoaceptación es sentirnos bien con nosotros mismos, conociendo y aceptando nuestras limitaciones. Este concepto se relaciona con la personalidad eficaz de Rogers y la madurez de Allport.

Rogers es considerado, junto a Maslow, el padre de la psicología humanista, un enfoque de psicoterapia que se hizo popular en los años 50 y 60 del siglo XX. Rogers tenía un interesante enfoque de la salud mental, pues no la consideraba un estado fijo al que debiéramos aspirar, sino que una vida saludable es un proceso fluido y continuo de desarrollo que dura toda nuestra vida. Sería algo así como el aceptar las experiencias que se nos presentan, o a las que accedemos mediante nuestras decisiones, sin centrarnos en cómo consideramos que deberían ser.

De esta manera, Rogers desarrolló el concepto de la persona completamente funcional, definiendo esta como una persona abierta a las experiencias y los sentimientos. Acepta lo que le ocurre, así como las maneras en que se siente, sin intentar escapar de sus emociones. De esta manera, se siente más libre, porque aceptando lo que ocurre acepta también sus consecuencias, y tiene mayor libertad de acción, así como mayor confianza en sí misma. De esta manera, tiene mayor facilidad para adaptarse a los cambios

Con todo esto, la autoaceptación no es exactamente ser una persona altamente funcional, tal y como lo entiende Rogers, pero a partir de este concepto entendemos cómo podemos aprender a aceptarnos a nosotros mismos. Esto es, tanto los aspectos más positivos como nuestras limitaciones, así como nuestro pasado.

2. AUTONOMÍA

La autonomía hace referencia a mantener nuestra individualidad en el sentido de que tenemos nuestras propias convicciones y actuamos en base a ellas, de manera independiente, sin que otras personas o fuerzas externas nos manejen. Para entender la autonomía, debemos conocer el concepto de autorrealización de Maslow.

Maslow planteó una de las teorías más conocidas y citadas de la psicología: la famosa pirámide de Maslow. Según ella, las personas tenemos una serie de necesidades cuya satisfacción tiene un orden jerárquico: primero, en la base de la pirámide, están las necesidades biológicas (comer, respirar, descansar, etc.); después, las necesidades de seguridad, tanto física como de nuestra familia, empleo, nuestra salud, etc.; a continuación, vienen las necesidades de afiliación, es decir, mantener unas relaciones cercanas con los demás: amistades, pareja, además de estar integrado en otros ámbitos sociales; en cuarto lugar, las necesidades de reconocimiento, donde se vería reforzada nuestra autoestima a través del reconocimiento propio y ajeno, la confianza y el éxito en ciertos campos de nuestra vida. En último lugar, está la autorrealización.

La autorrealización tiene que ver con el desarrollar nuestra creatividad, poner en práctica acciones de acuerdo con nuestra idea de moralidad (lo que está bien y lo que está mal), desarrollar nuestro potencial humano, tiene que ver con el dar un sentido a nuestra vida, tener una nueva manera de entender el mundo, aceptar los problemas, encontrar soluciones a los problemas, enfrentar las nuevas situaciones con ganas de crecer en vez de optar por la zona de confort… Maslow también utilizó el término motivación de crecimiento para esta fase, y para acceder a este crecimiento necesitamos, claramente, tener autonomía.

3. PROPÓSITO EN LA VIDA

Tener metas, objetivos, propósitos, es primordial para nuestro desarrollo. Nos ayudan a dotar de sentido a nuestra vida, y a tener la sensación de que esta tiene un camino, un rumbo, y no damos tumbos por ella, porque eso nos hacer caer en la desesperanza. Tiene que ver la idea de madurez de Allport y los objetivos vitales de Bühler.

Allport habla de madurez psicológica cuando se refiere a una salud mental plena. La persona madura, en la manera en que lo entiende este autor, es aquella cuya personalidad se caracteriza por unas cualidades concretas, que explicaremos a continuación. La persona madura tiende a comportarse en la manera que ella es, es decir, desarrollar su propio yo, lo que él llamó el propium, que son las conductas que nos ayudan a expresar cómo yo soy. Así, una persona madura, además de actuar de manera congruente con lo que ella es, también tiene una serie de cualidades en su personalidad:

Orientación a la solución de problemas, poseyendo habilidades para realizar esta tarea. Así, la persona se hace responsable de sus propios actos, sin dejarse llevar por el miedo, ni entrado en conductas evitativas que le alejen del objetivo de hacer lo que esté en su mano para resolver el problema.

Autoconocimiento: La persona madura es consciente de sus puntos fuertes y débiles, saben hasta dónde pueden llegar y dónde no, es decir, conocen bien hasta dónde llegan sus cualidades. A este respecto, Allport decía que reírnos de nosotros mismos es un signo de madurez.

Saber relacionarse: A medida que las personas vamos creciendo, tomamos conciencia de que en el mundo hay otras personas y que experimentan lo mismo que nosotros. Aprendemos, así, a respetarlas y a establecer relaciones de amor, donde de respetar a los demás y de establecer relaciones de amor y nuestros intereses se extienden más allá de nosotros, se orientan también a otras personas. Desarrollamos, así, habilidades como la empatía, la tolerancia, el sacrificio, la sinceridad con los demás…

Charlotte Bühler definió cuatro objetivos básicos que todos los seres humanos tienen como fines a seguir en sus vidas: los objetivos vitales. La combinación de estos cuatro objetivos vitales conforma lo que se conoce como realización, es decir, la conciencia de haber logrado en nuestra vida un equilibrio satisfactorio de estas cuatro dimensiones que, según Bühler, todos perseguimos. Equilibrio, no en el sentido de que las cuatro se obtengan en la misma medida, sino que se hayan adaptado a nuestras preferencias, y es que, dependiendo de la etapa vital en la que nos encontremos, de nuestra personalidad, y de nuestra salud mental, daremos más valor o nos esforzaremos más por conseguir unas u otras. Estos serían cuatro: la satisfacción de necesidades (tanto las básicas, relacionadas con la supervivencia, como la capacidad de sentir amor y placer); la adaptación auto-restrictiva (las personas estamos dispuestas a admitir ciertas limitaciones en nuestra conducta en pos de un fin mayor, de cualquier tipo, por ejemplo, integrarme en un grupo, o evitar correr peligros); la expansión creadora (contrario al anterior, es una tendencia creativa a crear, realizar cambios, extender lo que yo quiero o deseo hacia el exterior, haciendo referencia a cambios, aprendizajes, la generación de nuevas ideas, cambiar mis esquemas con nuevos patrones de pensamiento y acción; y el mantenimiento de un orden interno, la búsqueda de un equilibrio entre todos estos aspectos mencionados, una especie de armonía en las diferentes dimensiones de nuestro yo.

Estas dos teorías nos ayudan a entender cómo las personas nos ponemos propósitos en nuestra vida, cómo los orientamos, y qué balance hacemos de este camino a medida que pasan los años.

4. CRECIMIENTO PERSONAL

Es el deseo de desarrollar nuestro potencial, poner en práctica nuestras capacidades y seguir evolucionando como personas. Esta característica nos permite estar abiertos a nuevas experiencias, y no quedarnos en la zona de confort. La individualidad explicada por Jung y el concepto de Salud Mental de Jahoda nos acerca a esta dimensión de crecimiento personal.

Carl Jung, hablaba del proceso de individuación, una sucesión de etapas por las que vamos pasando a lo largo de la vida hasta construir lo que podríamos llamar el ser nosotros mismos, nuestra esencia, un individuo integrado, autónomo e independiente. Es decir, una vez que hemos construido ese yo mismo, soy capaz de actuar de manera coherente a él, sin que otras personas me dirijan. Esto quiere decir que no hago lo que los demás quieren, como si fuera un sujeto sin iniciativa propia, pero sí implica que en mis acciones tengo en cuenta a mi familia, pareja, amigos… puedo actuar pensando en ellos, pero la decisión es mía y la manera en que lo hago es sin alterarme a mí mismo o misma. También se refiere a ello como autorrealización. Pero no es un proceso que ocurre aparte del resto del mundo, sino que tiene su origen en nuestro entorno familiar y cultural, y a partir de ahí yo voy desarrollándome. Este proceso es muy importante en la adolescencia, cuando empiezo a reconocerme como una persona autónoma, pero en realidad el proceso completo no lo alcanzaríamos, según Jung, hasta la adultez.

Con respecto a Marie Jahoda, esta psicóloga desarrolló en 1958 su teoría de la salud mental basándose en la definición que en la década anterior había planteado la Organización Mundial de la Salud, que decía así “La salud mental es un estado de completo de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedades”.  Para Jahoda, una persona con una buena salud mental sería aquella que cumple seis criterios, que ya nos irán sonando de lo que hemos leído hasta ahora: tener una imagen realista de mí mismo, sabiendo cuáles son mis cualidades, pero también mis defectos; tener una motivación, una meta en la vida, y orientarme hacia ella; la integración, o hacer una visión general de nuestra vida y saber integrar en ella tanto los aspectos positivos como negativos, llegando a un equilibrio psicológico y teniendo también mayor resistencia al estrés; la autonomía; la percepción de la realidad, en el sentido de que debemos identificar los pensamientos distorsionados, como puede ser el tomar solo los aspectos más negativos de un episodios, que es algo que todos hacemos y que nos hace sufrir sin necesidad; por último, el control del entorno, que conoceremos mejor a continuación.

5. DOMINIO DEL AMBIENTE

El dominio de nuestro entorno nos permite ser capaces de alcanzar nuestros objetivos sabiendo interactuar de manera óptima con los recursos que tenemos alrededor. Podemos sacar provecho de las oportunidades que se nos presentan, también elegir los entornos que mejor nos ayudan a llegar a nuestras metas, e influir en ellos. ¿Qué pasa si no somos capaces de dominar nuestro entorno? Este es el pensamiento que tienen las personas que sufren depresión, pues se ven totalmente sin capacidad para influir mínimamente en el ambiente, traducido en que cualquier pequeña tarea del día a día, desde cocinar, limpiar o leer un libro, no pueden ni saben hacerlo correctamente.  

Este concepto se relaciona principalmente con la teoría del desarrollo personal de Erikson, que retoma la teoría de Freud de los estadios de desarrollo con un enfoque nuevo, añadiendo también etapas de desarrollo para la vida adulta. Si bien Freud había planteado cinco estadios desde que nacemos hasta que alcanzamos la juventud, Erikson considera que a lo largo de toda la vida seguimos desarrollándonos, en el sentido de que debemos de pasar y superar satisfactoriamente una serie de etapas. Concretamente, desde la juventud hasta la senectud o vejez, considera que tenemos a lo largo de nuestro ciclo vital 8 estadios de desarrollo. En todos ellos se da un aprendizaje psicológico nuevo y vital de cara a poder avanzar hacia la siguiente etapa. Si no vamos superando satisfactoriamente cada etapa, iremos desarrollando inseguridades y problemas de adaptación.

Los principales aprendizajes que adquirimos desde el momento en que nacemos son la confianza en el mundo (por medio de nuestros padres); la autonomía y la iniciativa en la infancia, por la que vamos aprendiendo a hacer cosas por nosotros mismos; el valor del esfuerzo en la etapa de educación primaria y la identidad en la adolescencia. Después, en la edad adulta, pasamos a otros tres aprendizajes en los que nos detendremos un poco más.

Uno es el desarrollo de la intimidad y la capacidad de amar, etapa que tiene lugar en la juventud. Una vez desarrollada nuestra identidad, nos atreveremos a sumergirnos en relaciones de compromiso sin temor a perder nuestro yo. Esto tiene lugar tanto en la pareja como en las amistades. En la adultez media, tendemos a realizar acciones que van más allá de nosotros, que contribuyen a sentirnos útiles y productivos socialmente. En los años de madurez, toca hacer un repaso a nuestra vida, a nuestro pasado, donde tenemos que desarrollar sentimientos de aceptación de este y de plenitud hacia nuestra vida. Así, podemos enfrentarnos a la idea de la muerte con sabiduría y sin temor, evitando la desesperanza y la amargura del miedo a la muerte, y transmitiendo esa visión también a las generaciones más jóvenes de nuestra familia.

En todas esas etapas, se da un conflicto entre yo y el ambiente. No se trata de un conflicto en el sentido negativo, sino en el que hay una interacción nueva con el mundo de la que tengo que obtener un aprendizaje que me ayuda a mejorar mi capacidad de dominar el ambiente, el entorno: obtener de él beneficios para mí, e influyendo sobre el mismo para alcanzar mis objetivos.

6. RELACIONES POSITIVAS

Para hablar de bienestar psicológico no podemos quedarnos en el ámbito más individual, solitario e intra de la vivencia humana. Las relaciones satisfactorias con otras personas (familia, amistades, pareja, compañeros, vecinos, etc.), es crucial para nuestro bienestar, y sin ellos, ¿qué propósitos nos pondríamos? ¿Qué sentido daríamos a nuestra vida? Son, también, un recurso para apoyarnos en nuestro camino en la vida, y también nos convertimos nosotros en una figura clave en las trayectorias de otros. Una persona con relaciones positivas desarrolla su capacidad de sentir empatía, afecto, y se preocupa por los demás. Para Carol Ryff la capacidad de amar es básica para tener una buena salud mental. La voluntad de significar de Frankl es el concepto que se relaciona con esta dimensión.

Viktor Frankl hablaba de la voluntad de sentido o significado, considerándola la verdadera fuerza que lleva a las personas, de manera instintiva y primaria, a encontrar un sentido a nuestras vidas. Un sentido que va más allá de nosotros mismos o mismas, que nos relaciona con el exterior. Esta búsqueda del significado de nuestra vida es diferente en cada persona, y es lo que nos lleva a orientar nuestras decisiones, encontrar nuestra motivación, y nos empuja a actuar de acuerdo con ese sentido. Así, las personas no buscaríamos la felicidad en nuestras vidas, sino que esta vendría a partir de haber descubierto el significado. Además, nos ayuda a enfrentarnos a la muerte con más entereza, algo que relacionaríamos con esa última etapa de desarrollo personal de Erikson. Si nuestra vida carece de un significado, podremos caer en trastornos depresivos. Porque, pensémoslo, ¿qué te mueve a ti en la vida? ¿Una cosa o varias? ¿Y si no tuvieras ese motor, qué te animaría a seguir adelante?

El desarrollo de la personalidad eficaz

La personalidad eficaz hace referencia, según la definición de Martín del Buey y Martín Palacio (2012), a una persona que “con conocimiento y estima de sí mismo, en proceso de maduración constante, con capacidad para lograr lo que desea y espera, empleando para ello los mejores medios posibles, controlando las causas de su consecución, afrontando para ello las dificultades personales, circunstanciales y sociales que se presenten, tomando las decisiones adecuadas sin detrimento de sus buenas relaciones con los demás, ni renuncia en ellas de sus aspiraciones personales justas”.

Vemos que son muchas las características aquí presentadas. Es más, como han hecho autores como Rogers, o mismamente en la línea de Ryff, para considerar que un individuo presenta una personalidad eficaz, hay varios criterios que ha de cumplir. Son criterios relacionados con sus relaciones con los demás, su idea de sí mismo, sus propósitos, su autonomía, su dominio del ambiente, etc. Por eso, tiene mucho que ver con la idea de bienestar psicológico, pues dominar estos aspectos ayudará a la persona a tener un mayor bienestar en este sentido.

Para conocer bien qué significa eso de tener una personalidad eficaz, y en qué áreas debemos trabajar para desenvolvernos lo mejor posible en las diferentes situaciones de la vida, presentamos las dimensiones que conforman este concepto, que se agrupan dentro de cuatro categorías:

FORTALEZAS DEL YO: autoconcepto y autoestima.

El autoconcepto lo forman las ideas que tengo sobre mí mismo o misma, y la autoestima es cómo valoro yo esas ideas. Responde a las preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Cómo me valoro?

Yo creo que soy inteligente y también que soy una persona con poca iniciativa (autoconcepto); la primera idea me hace sentir bien conmigo mismo, pero la segunda me puede generar pensamientos negativos hacia mí (autoestima), o al contrario, puede aceptar tal y como soy y compensarlo con otras cualidades, o puedo intentar cambiarlo aprendiendo a tomar la iniciativa poco a poco en diferentes ámbitos de mi vida. ¿Qué os parece que puede resultar más eficaz?

Las Fortalezas del Yo tienen relación con las dimensiones AUTOACEPTACIÓN, pues para aceptarme tal y como soy, necesito reflexionar sobre mi autoconcepto y autoestima; Y CRECIMIENTO PERSONAL, pues sólo así así podré crecer como persona, si no me quedaré estancado pensando en mis limitaciones, cuando quizá no sean tales, y además eso sí que supone una barrera para avanzar.

DEMANDAS DEL YO: Motivación, atribución y expectativas.

La motivación es lo que me empuja a realizar una acción en el presente (mi gusto por las novelas de misterio hace que lea muchos libros a lo largo del año; no estudio bastante para el examen de matemáticas porque no me gustan); la atribución es lo que me hace buscar una explicación a hechos que ya han pasado (se ha roto mi teléfono móvil porque el niño lo tiró con el balón, o se ha roto porque yo lo he dejado al borde de la mesa y el balón lo alcanzó), y las expectativas hacen referencia a lo que espero que ocurra en el futuro (no se me volverá a romper un móvil porque siempre lo intentaré dejar en un lugar seguro; seguiré aprobando Educación Física porque haré todos los ejercicios que me mande el profesor de la mejor manera que pueda).

Por tanto, las demandas del yo intentan responder a las preguntas: ¿Qué quiero? ¿Qué expectativas tengo de conseguirlo? ¿De qué o quién depende que las pueda alcanzar?

Las Demandas del Yo se relacionan con la AUTONOMÍA, en el sentido de que yo tengo que encontrar mis motivaciones y ser responsable de mis actos; el PROPÓSITO EN LA VIDA, porque es mí mayor motivación para todo lo demás, y el CRECIMIENTO PERSONAL porque necesito hacer estas reflexiones para crecer y saber cómo hacerlo.

RETOS DEL YO: Afrontamiento de problemas, toma de decisiones.

Aquí intentamos responder: ¿Qué problemas tengo para alcanzar mis objetivos? ¿Qué hago para tomar las decisiones? Por ejemplo, estoy muy estresado y eso está bajando mi rendimiento en el trabajo, así como alejándome de mi familia. He decidido hacer una tabla donde escribir posibles opciones que tengo para arreglar esta situación y las consecuencias de cada una.

Los Retos del Yo tienen que ver con la AUTOACEPTACIÓN, pues me ayudará a tomar mejores decisiones; con el DOMINIO DEL AMBIENTE, pues aprovecho los recursos disponibles en este para resolver los problemas; y se relaciona con las RELACIONES POSITIVAS porque en mis problemas y decisiones están implicadas otras personas.

RELACIONES DEL YO. Asertividad, empatía y comunicación

Estos aspectos hacen referencia a: ¿Cómo interactúo con los demás sin dejar de ser yo mismo o misma? ¿Cómo me pongo en el lugar de la otra persona? ¿Cómo me comunico? Como podemos ver, las tres son básicas para construir relaciones de calidad con mi familia, mis amistades, mi pareja, mis compañeros, mis vecinos, etc. Con la asertividad, soy capaz de mantener mi postura ante un tema sin dejarme influir por los demás, pero tampoco imponiéndome (mi pareja quiere vivir en el centro de la ciudad, pero yo quiero hacerlo en las afueras, tendremos que negociar un punto intermedio). Con la empatía, me intento poner en el lugar de la otra persona (entiendo que le gustan las zonas residenciales donde haya más tranquilidad). Con la comunicación, las conversaciones que tengamos sobre ese tema deben ayudarnos a resolverlo, hablando del tema, sin discutir, mostrando esa asertividad y empatía en todo momento.

Claramente, las Relaciones del Yo están ligadas a las RELACIONES POSITIVAS; también con el PROPÓSITO EN LA VIDA, pues unas relaciones basadas en la asertividad, empatía y comunicación me ayudarán a integrar a otras personas en mis propósitos, y a ayudarme de ellas a alcanzarlos, por ello también lo podemos ligar al CRECIMIENTO PERSONAL; así mismo, tienen que ver con el DOMINIO DEL AMBIENTE, pues las personas forman parte de mi entorno.

En definitiva, desde Ayalga trabajamos para ayudar a desarrollar todos estos aspectos de la personalidad, con el fin de eliminar todas las barreras posibles en la consecución de nuestros objetivos en la vida.



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